
Te metes bajo las sábanas y te dices "solo un vídeo más de YouTube, solo un short más". Cuando te das cuenta, ya ha pasado la medianoche. Si tu rutina de cada noche se reduce a mirar una pantalla hasta que se te cierran los ojos, no es ninguna sorpresa que la calidad de tu sueño se resienta.
El problema no es la fuerza de voluntad. La investigación demuestra de forma consistente que lo que haces durante la hora previa al sueño tiene un impacto directo en lo bien que descansas.
La higiene del sueño se refiere al conjunto de hábitos y condiciones ambientales que favorecen un descanso de calidad. Incluye factores como la temperatura de la habitación, la iluminación y el momento en que consumes cafeína.
La conclusión clave es que dormir bien no empieza cuando te acuestas, sino antes. Tu cerebro y tu cuerpo necesitan un periodo de transición para entrar en modo sueño, y los investigadores estiman que esta ventana es de aproximadamente 30 minutos a una hora.
La luz azul que emiten los smartphones y las pantallas envía una señal a tu cerebro de que todavía es de día. Esto suprime la producción de melatonina y te mantiene alerta justo cuando deberías estar relajándote.
Con solo dejar el móvil entre 30 minutos y una hora antes de acostarte puedes ayudar a restaurar tu ritmo natural de melatonina. Los filtros de modo nocturno ayudan un poco, pero lo más eficaz es apartar el dispositivo por completo.
Usar la temperatura corporal para facilitar el sueño es una estrategia sorprendentemente infravalorada. Tu temperatura central desciende de forma natural por la noche, y es precisamente ese descenso lo que desencadena la somnolencia.
Una ducha templada o un baño de pies dilata los vasos sanguíneos de la piel, acelerando la pérdida de calor. El resultado es una caída más rápida de la temperatura central y menos tiempo para conciliar el sueño.
Estar tumbado sin poder dormir mientras el horario de mañana y las tareas pendientes dan vueltas en tu cabeza... a todos nos ha pasado. Este tipo de rumiación es una de las mayores barreras para quedarse dormido.
Un estudio de la Universidad de Baylor demostró que dedicar solo cinco minutos a escribir a mano una lista de tareas pendientes antes de dormir reducía significativamente el tiempo necesario para conciliar el sueño. Trasladar esos pensamientos flotantes al papel ayuda al cerebro a registrarlos como "resueltos".

Como paso final de tu rutina nocturna, prueba con estiramientos suaves o un ejercicio de respiración. El objetivo es activar el sistema nervioso parasimpático y llevar tu cuerpo a un estado de relajación.
La técnica de respiración 4-7-8 (inhala durante 4 segundos, mantén 7, exhala durante 8) no requiere ningún equipo y puedes hacerla directamente en la cama. Evita el ejercicio intenso, que puede aumentar el estado de alerta: unos estiramientos lentos y suaves son más que suficientes.
Una rutina nocturna no dará resultados después de uno o dos intentos. Necesita empezar a la misma hora cada noche para que tu reloj interno se estabilice. Después de dos o tres semanas, tu cuerpo empezará a entrar en modo de relajación por sí solo.
El problema es que los días ajetreados hacen fácil perder la noción del tiempo y saltarte la ventana de tu rutina. Configurar el recordatorio de hora de dormir de Alarmy te da un aviso en el momento justo: una simple notificación que te dice "es hora de empezar tu rutina". Si lo combinas con la función de rutina de sueño de Alarmy, puedes construir un ciclo consistente desde la preparación previa hasta el despertar.
No tienes que abordar los cuatro a la vez. Esta noche, prueba a dejar el móvil solo 10 minutos antes de lo habitual. Un pequeño cambio puede ser el punto de partida para dormir mejor.
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